La voz que traza el camino
Descubrir la vocación es oir la voz interior que, a veces como un susurro y otras a gritos, traza el camino a seguir. Es un llamado a ir tras los sueños y anhelos más profundos. Exige conocerse, decidirse… y tomar el riesgo.
Al egresar de cuarto medio, por primera vez enfrentas el hecho de ser tú quien proyecta su propio futuro, y de escoger el camino que te llevará a alcanzarlo. Descubrir la vocación requiere auto conocerte, e implica analizar tus fortalezas y debilidades, tus aptitudes, gustos y aspiraciones. Esta situación no es tan sencilla como parece, a veces te atraen diversas áreas porque “eres bueno para todo”, o bien pareciera no atraerte nada con suficiente fuerza. He aquí cuando aparece la necesidad de “definirse” y de limitar o descubrir los campos de interés, situación que se enfrenta hoy en día con una ardua orientación vocacional; “no descubrir el sentido de la vida humana, quiere decir no saber cuales son los recursos del hombre” (Juan Pablo II, encuentro con los jóvenes en Rimini, 1982). En este proceso tienen un importante lugar los sueños; lo que uno quiere “ser” y lo que no quiere ser… además de la confianza en ti mismo, que te impulsará a ir tras ellos.
Cuestionarte sobre “qué anhelas ser” implica proyectarte, y esa proyección se relaciona necesariamente con el mundo económico, social y cultural al que una carrera u otra te permitiría acceder; lo que hoy en día exige abrir los ojos a la realidad. La actualidad presenta una serie de variables que generan angustia; la dificultad en la inserción laboral, el reconocimiento en el ámbito profesional, el una carrera sea o no rentable versus el estilo de vida que quisieras llevar. Ante esta innegable realidad, elegir una carrera implica aceptar el contexto que la envuelve. Por tanto, antes de decidirte es fundamental “conocer” a fondo las carreras que te atraen.
Entiéndase por este conocimiento no solo identificar las universidades que la imparten, sino la malla curricular, la práctica que conlleva, el campo laboral en que a futuro podrás desempeñarte y la factibilidad de que la carrera y todas sus aristas sean compatibles con la visión global de vida a la que tú aspiras. En lo posible contacta a otras personas que puedan referirte en qué consiste la carrera y toma en cuenta la orientación que puedan ofrecerte los especialistas; ” lo que uno elige debe poseer el equilibrio entre lo que a uno le apasiona estudiar y el contexto específico en el que se dará la práctica laboral, pues muchas veces nos quedamos sólo en la primera dimensión sin informarnos acerca del quehacer concreto en el que se desarrolla una determinada profesión. (Beatriz Valcárcel Bustos, Psicóloga Universidad Diego Portales y Consultora Centro de innovación en Capital Humano. Fundación Chile).
A veces, sin embargo, el problema no es elegir… sino no poder hacerlo, no tienes las notas que se requieren o no cuentas con los medios necesarios. Sin embargo no hay que dejarse desalentar, hoy en día hay varias universidades que imparten una misma carrera (lo que facilita el acceso), y también se da la posibilidad de acceder a créditos o becas para costear tus estudios. Y aún estando imposibilitado de ingresar a la carrera que aspiras, existen formas de no abandonar tus anhelos. Tal como dice Patricia Cabrera (orientadora vocacional), “la carrera puede no ser la que yo quería, pero puedo entrar a una que esté dentro del área, y en el trabajo laboral buscaré la oportunidad de darle el viraje que quiero… para retomar mi rumbo”.
En este proceso de descubrir la vocación, el rol de los padres es fundamental. Ellos deben respetar los tiempos y las decisiones de sus hijos, y buscar en conjunto respuestas a qué hacer, a cómo y dónde hacerlo.
Cualquier decisión debiera estar guiada por la vocación; asi cuando llegue momento de ejercer… la realización de cualquier tarea estará acompañada del placer que produce llevarla a cabo, además tendrás la satisfacción de estar usando tus talentos en forma constructiva y harás de tu trabajo un verdadero apostolado, donde el poder y el afán de ganar más pasarán a segundo plano. Son muchas las horas diarias que un adulto dedica al trabajo, y demasiada la atención que exige cualquier labor emprendida como para permitir este que se transforme en una carga. Al respecto Patricia Cabrera (orientadora vocacional) nos dice “es cierto que cada uno decide si sigue o no su vocación; pero la vida reclama satisfacciones”.
TESTIMONIOS
FELIPE VIAL (Estudiante Acuicultura)
En el colegio era un alumno que estaba sobre la media del curso, y aunque tenía facilidades para todos los ramos no sobresalía a excepción de inglés… pero me llamaba más la parte científica y tomé el electivo científico-matemático. A mediados de cuarto medio, me di cuenta de que mis deseos de estudiar medicina eran más que nada pasajeros, y quedé con las manos algo vacías. Fue entonces cuando mi hermano, con el que pescaba desde chico, me contó de una carrera que se llamaba Ingeniería en Acuicultura. Luego de investigar y ver que tenía relación con los criaderos de salmones, lo pensé un par de días y me decidí. Hasta el día de hoy me llama la atención la seguridad que me dio la decisión.
Meses después entré a estudiar Ingeniería en Acuicultura en la Andrés Bello, y he tenido una muy buena experiencia. He conocido varios ámbitos del área, y a futuro pienso trabajar en el sur o en otro país, en algún centro de cultivo de salmones. Hay gran demanda de profesionales en el rubro. Si bien no todo ha sido color de rosa, siento que es lo que quiero hacer por el resto de mi vida.
TRINIDAD FUENZALIDA (Estudiante Bachillerato en Humanidades)
Mi interés por la psicología partió con mis primeras misiones. Ahí por primera vez me di cuenta de que me interesaban profundamente las personas, se me hacía muy reconfortante compartir con ellos. Al vivir nuevas experiencias de ese tipo, cada vez se reforzaba más mi vocación.
En 3º medio tuve que optar por un electivo, y elegí el humanista. A fines de cuarto di la PSU, y aunque no me fue mal, no me alcanzó el puntaje para entrar a psicología en la universidad que yo quería; la Católica. Decidí entonces entrar a Bachillerato en Humanidades en la Universidad Católica, y a pesar del esfuerzo por estar dentro de los cupos que ofrece la carrera, estoy muy segura de mi decisión y ha sido una muy buena experiencia. Dentro de un año y medio más, si Dios quiere, voy a entrar a psicología. Aunque todavía no tengo clara el área que más me gusta, desearía en algœn momento enfocarme en las posibilidades reales de rehabilitación que ofrecen las cárceles.
SEBASTIÁN GUERRA (Estudiante Educación Física)
En el colegio trataba de estar en la mayor cantidad de cosas que pudiera; en la selección de atletismo, en la de fútbol y en la rama de ski, de la cual ahora soy entrenador. Antes me veía estudiando ingeniería en acuicultura o biología marina, esa era el área que me gustaba. Durante el segundo semestre de ingeniería en acuicultura, me di cuenta que no podía seguir estudiando eso. Muchos conocidos me recomendaban Educación Física, por mi personalidad y por el trato que tenía con los niños. Después de mucho pensarlo me decidí, y ahora me siento contento de haberlo hecho.
Me encanta la carrera, es algo que no sé como describir. Desde segundo año tenemos que hacer prácticas, y tengo mucho contacto con los niños… es muy reconfortante. Me gustaría trabajar en algún colegio al egresar, pero lo que realmente quiero es dedicarme al ski, ya sea como entrenador o como instructor.

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