Sobre Frankestein y otros bichos

En 1818 Mary Shelley publicó una novela que dió vida a todo un género de literatura de ciencia ficción y horror.  “Frankenstein” narra la historia de un científico que crea y da vida a un innombrable monstruo con partes de cadáveres. Una historia de soledad y muerte, es además una grave advertencia ante la expansión del hombre moderno debido a la Revolución Industrial del siglo XIX. Casi doscientos años después, los titulares del mundo nos asombran con una espectacular noticia que hace guiños a esta creación: “El Primer Organismo Sintético”.  En la última edición de Science, una prestigiosa revista científica se describe el diseño y síntesis de un genoma bacteriano realizado en laboratorio: Este material genético artificial fue insertado dentro de una bacteria receptora a la que se le había extirpado su genoma original. El resultado: una bacteria con un cromosoma sintetizado en laboratorio que es capaz de crecer, respirar, alimentarse, secretar proteínas y reproducirse a partir de la información dictada por su nuevo genoma artificial.

Los alcances son fenomenales. En el corto plazo será posible tener bacterias que sinteticen vacunas, remedios e incluso combustibles, lo que significa un gran paso en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas, y una extraña vuelta de tuerca en la relación entre la humanidad y la naturaleza.

Eventualmente habrá células sintéticas que contendrán material genético hechos a medida, y tendremos organismos completamente artificiales. Como en un remake de la película “Bladerunner”, la humanidad ahora ostentará el poder sobre la vida, usurpándole ese privilegio al “Dios creador”.  Las implicancias legales, teológicas y éticas son sólo una arista: no hay como medir los riesgos biológicos y medioambientales que puedan surgir a partir de esto.

Por Pilar Ducci
Revista Valles del Sol

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